La prostituta del barrio alto

Por: Carlos Humberto Gómez

chgomezc@une.net.co
Twitter: @chgomezc

Recientes noticias dan cuenta de agentes del servicio secreto de Estados Unidos comprometidos en relaciones con mujeres dedicadas al comercio sexual en Cartagena. Un motivo más para decir que la pasada Cumbre de la Américas dejó muchas conclusiones, y porque no decirlo abiertas las puertas a interesantes debates.

Está claro que el oficio mas antiguo en la humanidad tiene que ver con el comercio sexual de mujeres y también de hombres, porque no se puede esconder lo evidente, lo que muchos callan, pero que sabemos existe. Solo una sociedad solapada se refugia en señalar al género femenino como artífice y culpable de una realidad de gran parte de las culturas sino todas, y que compromete a todos los estratos, religiones y creencias.

Y es que al hablar de este asunto, incómodo para algunos e insumo para muchos artículos de prensa y chismes locales, -hoy con especial trascendencia multinacional-, deja entrever que en el fondo lo que hay es una realidad que se quiere ocultar y una división en la opinión pública y oficial sobre el particular.

"Que donde hay un hombre hay prostitución" dijo la mas diplomática de las funcionarias del Palacio de Nariño la Canciller Maria Ángela Holguín, Nada mas salido de los cabellos, así es que tratamos asuntos internacionales, primero se habla y después se piensa. No hay caso.

"Que no son prostitutas, que son damas de compañía en vista de que sólo atienden hombres extranjeros, entonces no puede denominarse como si fueran mujeres de la calle" Ese si que es el extremo, ahora resulta que la posición socioeconómica y los clientes clasifican a quien comercia sexualmente!

Prostitutas de barrio alto ahora se denominan diferente, para no ser confundidas con las que realizan su actividad en las esquinas o en los bares “de mala muerte” o quienes simplemente atienden toda clase de públicos. Y no lo olvidemos no sólo mujeres, también son hombres, y gran cantidad de ellas -y ellos- menores de edad.

Prepagos, putas -y putos-, mujeres y hombres de la mala vida, o vida fácil que dicen, son al fin y al cabo el resultado de su sociedad, de sus vidas sin oportunidades, unos de estrato alto que afanosamente pagan exorbitantes costos por mantener su condición y otros miserables que seguirán cargando con la fama. Esos los señalados, son los que se persigue y se estigmatiza.

Esa es la realidad, la que esconden en épocas de cumbres o eventos trasnacionales donde hasta los mendigos son tratados como criminales, -escoria, los llaman- y donde los trabajadoras y trabajadores sexuales, son parte de “vergüenza nacional”.

Vergüenza es la que nos debe dar a quienes olvidamos que estar en la calle ofreciendo el cuerpo a cambio de monedas o algunos de millones, corresponde a un problema  común. Mujeres y hombres sin oportunidades laborales, sin vivienda, sin la debida atención del estado, con hijos desnutridos, sin servicios públicos, con cuentas pendientes en las entidades financieras y sin oportunidades de estudio. Esas mujeres y hombres optaron por el camino de sobrevivir en una sociedad que los rechaza y a la vez los necesita, una sociedad que los excluye y a la vez utiliza. 

Empresarios, políticos y famosos acuden diariamente a buscar sus servicios, en Cartagena, en Medellín, en Washington, en Frankfurt, en Roma, en Tokio, en todas partes. No hay lugar en el que esto no suceda. La vergüenza no es ajena, es propia. Lo vemos desde las barras, en la arena están ellos, los desdichados, las víctimas y claro, los culpables. Porque en nuestra sociedad la razón la tienen quienes los usan, no los que ofrecen.

Culpables los que incentivamos el desconocimiento y mantenemos la creencia que “la calentura está en las sábanas”. No. El sistema garantizará que este asunto permanezca en el tiempo y que nuestra capacidad de asombro sólo nos recuerde permanentemente que somos el resultado de una sociedad esclavizada por el lenguaje mercantil, que nos ofrece desde un destino turístico con prostitutas hasta un sitio en internet donde se encuentra los servicios y favores sexuales que escandalizarían al mas experimentado de los proxenetas.

"Proxeneta" aquel que induce a la prostitución y vive de las ganancias de una prostituta(o), ese personaje que es un intermediario en la cadena, alguien que simplemente aprovecha las condiciones del mercado para vender. Y mientras tanto mujeres, -pero también hombres- que seguirán amparándose en una actividad que no necesita de mucho estudio y que al final representa una forma de sobrevivir en una sociedad que dice que si no hay dinero no hay comida, no hay vivienda… Y que perdurará porque esta misma sociedad los necesita para explotarlos, pero también para esclavizarlos.

Sólo nos queda esperar a que sigan los escándalos trasnacionales para recordarnos que sea cual sea la historia, es la realidad. Un mal de la sociedad en la que vivimos, que la mantenemos, la alentamos y que al final seguirá siendo un problema al parecer, sólo de mujeres y de estratos bajos.

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