Dos historias de tribus africanas


Alejandro Botero Cárdenas
Docente e investigador
alboca72@gmail.com
@alboca72

Dos historias de tribus africanas nos dejan grandes enseñanzas

Canción que recuerda las raíces
En una lejana tribu africana cada ser humano tiene su impronta antes de ser concebido.

Al momento en que una madre  está embarazada, se interna en la selva junto con otras mujeres de su tribu y componen una canción que nace del amor y la inspiración,  para ser dedicada a la hermosa criatura que está por nacer.  Cuando  la madre da a luz,  los miembros de la tribu cantan la canción al ser que brota de sus entrañas y ve por primera vez la luz del mundo. La melodía  que fue creada en su honor, es entonada con el firme propósito de que la persona que la escucha, sienta el amor, apoyo y solidaridad de los compañeros que se vuelven hermanos de sangre cada vez que en armonía fraternal continúan reuniéndose para cantar su tonada en los momentos más importantes de su existencia: cuando comienza su educación, cumple la mayoría de edad, se une en matrimonio con su pareja y el día que la su vida se extingue y deja este mundo.

Por otro lado, cuando algún miembro de la tribu comete algún delito, la tribu cree con firme convicción que el castigo o escarnio no es una forma aceptada  de represión. En cambio, en medio de su suplicio, sus hermanos una vez más se reúnen a entonar la que ha sido su inscripción durante toda su vida. Es así como la estirpe tiene la certeza de que alguien que se equivoca, debe extraer desde lo más profundo de su alma, las notas de la melodía que lo devolverán  a sus raíces para  recordar su irrefutable identidad. Además, revivirá el amor con el que fue concebido y educado. Por tal motivo, la tribu afirma con certeza  que nunca más causará daño a ningún compañero o hermano.

Ubuntu
Un antropólogo viajó por el mundo haciendo un estudio para observar y analizar el comportamiento de los niños en diferentes contextos sociales y culturales.  El estudio consistía en llenar una canasta con frutas y llevarla a un sitio alejado. Luego, les decía que aquel que llegara primero y cogiera el canasto, se podría quedar con su contenido. Este sería el trofeo para el ganador de la competencia. 

En los diferentes lugares donde se realizó la prueba, el resultado fue una aguerrida disputa donde se notaba la rivalidad y competencia por ganar el premio, prueba irrefutable del individualismo de los infantes en la gran mayoría de culturas alrededor del mundo.

Sin embargo, un día, el antropólogo se llevó una mayúscula sorpresa al visitar una lejana tribu africana. Siguiendo las mismas instrucciones de la competencia que para ellos era un juego, los humildes niños de esta tribu,  por instinto natural y con una naturalidad admirable,  se tomaron de las manos y corrieron juntos hasta llegar al canasto.  Posteriormente, se sentaron en círculo a comer y disfrutar de su contenido. El antropólogo quien no salía  de su asombro ante aquel hermoso acto de afecto, nobleza y compañerismo, preguntó al jefe de la tribu cuál era el motivo de este comportamiento. El jefe le respondió: “Ubuntu” que en su  lenguaje quiere decir: “yo soy porque todos somos”.  Por  último sentenció: “los miembros de nuestra tribu, incluyendo los niños piensan que no es posible estar feliz si los demás no lo están”.

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