El decubrimiento de América o el día que Colón se equivocó


Por: Juan Fernando Pachón Botero
jufepa40@hotmail.com
@JuanFernandoPa5

…Y hordas de bárbaros invadieron al nuevo mundo, sin misericordia alguna, enceguecidos por una avaricia enfermiza, enajenados por la locura que produce el brillo del oro, entregados al horror supremo; borrando de la faz de la tierra a aquellas maravillosas civilizaciones….La anterior no es una sentencia apocalíptica, simplemente es una breve descripción de la campaña conquistadora de España en América.

Foto: Blog En calve de fo

La mayoría de libros de historia señalan con dedo firme al holocausto nazi como uno de los mayores genocidios de la historia de la humanidad, pero sacando cuentas ligeras, el descubrimiento y la posterior etapa de conquista en América, bien podría llevarse los laureles. En el lapso de 100 años murieron cerca de 70 millones de nativos, sea por las múltiples enfermedades que los azotaron (traídas del viejo mundo) o por el exterminio sistemático al que fueron sometidos.

ÉRASE UNA VEZ…

…Y todo comenzó en el ocaso del medioevo cuando las potencias europeas de la época ansiaban expandir sus fronteras, luego de mil años de pestes, barbaries y anarquías. En el caso puntual de España, ésta tuvo que padecer durante siete siglos la invasión árabe. Sin embargo, la posterior reconquista de sus propios territorios, perdidos a mano de los moros, trajo consigo un espíritu impetuoso, una sed insaciable por conquistar otras tierras, otros reinos. De otro lado, Portugal, el vecino incómodo, ya les había tomado la delantera en la aventura en ultramar, navegando las costas africanas hasta llegar a Asia. Por su parte, los reyes de España no se resignaban a quedar rezagados en tales correrías. Es aquí donde aparece en escena un navegante de origen incierto (los historiadores no se ponen de acuerdo: Italia, España, Suiza, Grecia, Francia e  Inglaterra se disputan su cuna) conocido como Cristóbal Colón. El célebre marinero le propuso a la corona llegar a las indias (así se denominaba a Asia en aquella época, de ahí el nombre de indios a los nativos de las tierras descubiertas) navegando hacia el occidente, ruta inexplorada por aquel entonces. Las palabras del aventurero fueron como música para los oídos. Pero no fue una tarea fácil, ya que Colón tuvo que esperar varios años a que España se liberara completamente del dominio musulmán. En este sentido, la reina Isabel La católica le había prometido al navegante un patrocinio generoso entre tanto se obtuviera la victoria final sobre el enemigo. Mientras ocurría aquello, Colón no escatimaba esfuerzos en ofrecer sus servicios (como buen mercenario) al reino de Portugal, que no daba crédito a tal hazaña, rechazando de plano cualquier negociación posible.

…Y finalmente España obtuvo el tan ansiado triunfo sobre los árabes, que le dio carta blanca a la soñada expedición. Aunque parezca extraño, la principal razón de la bendición de la monarquía española a este periplo en tierras lejanas no era otra que el afán de abastecerse de las apetecidas especias del oriente medio, principalmente la pimienta y la canela, tan necesarias para conservar la carne, propiedad exclusiva de los reyes y la clase alta de la época.

A cambio de arriesgar su integridad en tal aventura Colón exigió prebendas excesivas, tales como pavonear el título de almirante en altamar y virrey y gobernador de las tierras descubiertas, así como el 10 % de las riquezas acumuladas en aquella excursión (condiciones conocidas como las capitulaciones de Santa Fe). Estas exigencias, satisfechas en su mayor parte, nos dan una idea del carácter insano de dicha expedición y de las intenciones maquiavélicas de su controversial impulsador.

Los pormenores del viaje sobran, pues en las escuelas y colegios se recita la travesía con tal ahínco, que algunos datos no dejarían de ser reiterativos. Más bien analicemos ciertos puntos claves que nos darán luces para comprender este fenómeno cultural mal bautizado: “Descubrimiento de América”:

NUESTRO PRESENTE: “UNA CUESTIÓN DE GENES”

¿O será de suerte? A veces me pregunto: “¿Qué hubiera pasado si en lugar de los españoles, hubieran sido los ingleses, con sus ideas progresistas, quienes  se hubieran afincado en nuestras tierras?” No en vano EEUU supo tomar atenta nota de sus maestros, relevándolos en la cúspide de la economía mundial. Por otra parte, hallazgos arqueológicos indican que vikingos, chinos y fenicios surcaron los mares de América antes que Colón. De ser cierta esta hipótesis, ¿Qué hubiera sucedido si estas antiguas civilizaciones se hubieran asentado en estos lares? De seguro,  serían diferentes nuestra religión, lengua, cultura, biotipo, idiosincrasia,…, pero también se hubiera afectado el desarrollo de la humanidad tal como se ha presentado hasta ahora. Simplemente, se trataría de un efecto mariposa imposible de develar.

Lo único cierto es que la corona no tuvo más remedio que echar mano del único material humano disponible para embarcarse en una empresa tan incierta como peligrosa. Es así como desheredados, incultos, inmorales, reos, prófugos, pillos, malandros y toda suerte de perdedores de la más baja calaña formaron parte del “honorable” séquito de Don Cristóbal. El pacto era muy sencillo, o se quedaban en España viviendo en condiciones poco favorables y en donde eran señalados como la plaga de la sociedad, o se embarcaban en una supuesta gran aventura en busca de fabulosos tesoros y míticas culturas. La elección no podría ser más obvia. No obstante, luego de varios meses navegando a la deriva, la tripulación amenazaba con un motín, pero… ¡oh gloria divina!… un grito ensordecedor retumbó en el océano: “¡Tierra a la vista!”.

Entonces, la desgracia ocurrió: “Aquel famoso navegante en su afán de llegar a las Indias, descubrió accidentalmente al nuevo mundo (Aunque hasta el día de su muerte creyó haber pisado tierra de alguna exótica región de la isla de Cipango – actual Japón -). Ya entrados en gastos, el innoble viajero y su corte se abandonaron a los placeres del pillaje; violando a indefensas nativas, cambiando espejitos por lingotes de oro, profanando a una cultura autóctona en nombre de la reina, embarcando alimentos y aborígenes al viejo mundo como prueba de la gesta realizada por tan “generoso” espíritu, empeñando así nuestras raíces a cambio de la soberanía marítima que reclamaba ansiosa la España señorial”.

Más de quinientos años después, observamos como nuestro presente tercermundista es fiel reflejo del genotipo poco conveniente de nuestros “padres fundadores” y de  las condiciones adversas en que se dieron los hechos.

GRANDES CIVILIZACIONES…GRANDES AVATARES

Las civilizaciones vernáculas de esta parte del mundo florecieron siglos antes de que llegara Colón. Tanto mayas, como aztecas e incas asombraron a los usurpadores europeos por su notable desarrollo y organización. ¿Cómo se explica entonces que millones de nativos americanos, agrupados de manera coherente, se dejaran vencer por unos cuantos miles de españoles mal preparados? Hay varias situaciones que nos pueden dar pistas al respecto.

Como gran factor clave cabe destacar el papel de los virus traídos por los inesperados visitantes. Estos gérmenes no afectaban significativamente a los europeos, pues su sistema inmunológico, en un acople evolutivo de cientos de años, logró neutralizarlos de manera eficaz. Es claro entonces que la hasta entonces desconocida viruela, traída desde el viejo continente, mermó drásticamente a una población americana que no tenía las defensas suficientes para combatirla adecuadamente (estudios recientes concluyen que cerca del 90 % de la población sucumbió ante la temible enfermedad). De esta manera se allanó el camino hacia la victoria española. Aunque los ibéricos también se llevarían un recuerdito para sus tierras, la sífilis, virus letal para la época, que nuestras indias le regalaron sin proponérselo a los apasionados comensales.

Otro componente importante fue el carácter sobrenatural que los españoles proyectaron sobre los supersticiosos nativos. Diversas investigaciones concuerdan en que profecías sobre una supuesta llegada de emisarios de los dioses a sus tierras influyeron en el inconsciente colectivo de sus pobladores. Las imágenes de grandes hombres blancos montados a caballo produjeron un impacto deslumbrante entre los crédulos indios, que no dudaron en subyugarse ante la aparente grandeza de espíritu de los conquistadores.

Otro punto destacable fueron las reiteradas guerras intestinas entre tribus, que conspiraron en contra de los intereses colectivos de los pueblos mesoamericanos, otorgando ventajas estratégicas a los españoles en sus intenciones de poder. Se sabe, por ejemplo, de etnias rivales de los aztecas que ayudaron a las huestes de Hernán Cortes en sus campañas contra ellos.

Un elemento  que no se puede eludir fue el abandono de algunos gobernantes hacia sus pueblos. Tal es el caso de Moctezuma, último emperador azteca, que por andar sumido en continuos “viajes”, producto de sus persistentes estados delirantes (dada su afición a diversos hongos alucinógenos), descuidó sus quehaceres imperiales, entregando en bandeja de plata el trono sagrado. Así mismo, el pueblo al observar a su líder derrotado, se entregó moralmente y con ello renunciaron a cualquier asomo de oposición frente al enemigo invasor.

¿Qué hubiera sucedido entonces si estas grandes civilizaciones mesoamericanas hubieran logrado desarrollarse libremente en su máxima expresión, sin intervención europea, sin el  subsecuente saqueo de sus riquezas y tesoros, sin la pérdida de su identidad cultural? ¿Seríamos una región potencia mundial? ¿Quién lo sabe?

EN BUSCA DE NUEVAS ALMAS…

Aunque la concepción generalizada de los europeos era que los indios no tenían alma (clasificándolos casi al nivel de animales), un gran contingente de misioneros españoles se embarcó en otro tipo de aventura, más etérea, la conquista espiritual. Esta evangelización buscaba formar nuevos ejércitos de Dios en el nuevo mundo. Pero no fue una labor fácil, ya que los nativos tenían profundos arraigos en sus dioses ancestrales. Los evangelizadores observaban con horror los bizarros sacrificios humanos que los indios ofrecían a sus deidades. La  tarea se antojaba descomunal, pero el afán de patronazgo místico generó alianzas muy convenientes entre el vaticano y la corona española. Fue entonces cuando tropas de jesuitas, franciscanos y dominicos del viejo mundo se armaron de cruces y biblias con el fin de librar otra de sus peculiares batallas. Comenzaba pues la labor titánica de “cazar” nuevos adeptos para una iglesia que urgía de almas frescas. De un lado, los conquistadores tomaban el poder con sus espadas manchadas de sangre, saqueaban tesoros y tierras a su antojo, ultrajaban a desamparadas indias. Del otro lado, los “obreros de Dios” enseñaban el catecismo del amor al prójimo, recitaban los diez mandamientos a pie juntillas, embutían la palabra de Dios… ¡Qué ironía! (y eso que no toco el espinoso tema de la inquisición)

REFLEXIONAR ANTES QUE CELEBRAR

La historia la escriben los vencedores, es ese alto impuesto que deben pagar los perdedores… como si la derrota misma no fuera suficiente. Es así, como los historiadores romanos  describen a una Roma grandiosa (Aunque realmente lo fue) y a unos pueblos invasores bárbaros e imbéciles (¿Realmente lo fueron?). En este orden de ideas, si Alemania hubiera ganado la guerra, muy seguramente no existiría la idea generalizada del genocidio Nazi (Joseph Goebbels, ministro de propaganda Nazi, se hubiera encargado gustoso de vender al mundo a un “altruista” tercer Reich). Igualmente, ¿Cuando EEUU pierda su monopolio mundial a mano de los chinos, qué quedará consignado en los libros?… El tiempo lo dirá.

Ahora, lo que atañe al texto. En las escuelas y colegios se enseña que el descubrimiento de América fue uno de los sucesos más importantes de la historia de la humanidad. Sin lugar a dudas lo fue…pero para los europeos. Fueron ellos los que recibieron los mayores beneficios: “oro, especias, tierras, nuevas rutas de intercambio mercantil, esclavos, alimentos exóticos,…”. Por algo llamaron a América “El cuerno de la abundancia”. Ahora bien, ¿Lo fue para los americanos? ¿Qué recibimos a cambio? La lengua, un mestizaje apenas obvio,  enfermedades variopintas, animales de carga, religión impuesta, idiosincrasia ajena, fueron  algunos de los “tesoros” que nos brindaron los europeos.  En una simple relación beneficio-costo se aprecia la obscena desigualdad de este encuentro entre dos mundos.

Los historiadores españoles defienden la supuestamente satanizada percepción de la intervención española en América aduciendo la existencia de una “leyenda negra”.  Señalan que la “mala prensa” hacia España se da a partir de una fuerte campaña de desprestigio orquestada por Italia, principalmente, con la anuencia de las otras potencias europeas del Renacimiento (Francia, Inglaterra, Alemania, Holanda), con el fin de deteriorar la imagen de una nación que generaba odios viscerales en gran parte del viejo continente y amenazaba con monopolizar la ruta atlántica (domando las fieras aguas del temido “mare tenebrarum”). Sin embargo, existe un grupo de prestigiosos intelectuales (Ernesto Sábato, Joseph Pérez, Henry Kamen) que niegan tal leyenda. Ahí dejo abierto el debate.

Cinco siglos después, Latinoamérica se encuentra en una posición emergente frente al mundo. Las raíces españolas son evidentes, pero nuestros pueblos luchan día a día por exorcizar el sino trágico que significó la llegada de los invasores a este paraíso. El horizonte aún es lejano. No obstante, deberíamos evocar a nuestros ancestros para tratar de entender la génesis de la problemática actual en pro de una región unificada en torno a una identidad cultural que proporcione las herramientas básicas para emprender el largo camino hacia una verdadera emancipación.

Como una manera digna de rememorar a aquellas civilizaciones que sufrieron en carne propia el gran peso de la crueldad humana, el 12 de octubre no debería ser observado como un día de celebración sino de  conciencia continental en favor de nuestros antepasados inmolados vilmente. En lugar de festejar el tan promocionado encuentro entre dos culturas, más bien debería institucionalizarse un día de reflexión, en el cual aflore el verdadero sentimiento americano, que apunte a una sociedad multicultural de carácter ecléctico que tome lo mejor de la herencia hispana.

No deja de ser gratificante que Brasil (Aunque en este caso fue Portugal el reino opresor) aparezca en la escena mundial como una nación próspera y de economía robusta, liderando la zona latina desde una proyección económica, política y social de alto vuelo. En este sentido, Brasil ha logrado burlar su  pasado, caminando hacia un futuro que se antoja muy prometedor. Actualmente el país de la zamba se ubica como la sexta economía del planeta, superando a potencias del tenor de Reino Unido, Italia y Canadá, y solo detrás de EEUU, China, Japón, Alemania y Francia. Si Brasil conserva esta rata de crecimiento, muy seguramente en veinte o treinta años estará conversando de tú a tú con EUU, China y Japón. Es un buen síntoma que varios países suramericanos se hayan dejado contagiar del “milagro brasileño” copiando su modelo exitoso, apuntando así hacia una Latinoamérica verdaderamente independiente (un buen ejemplo es Colombia que, pese a sus delicados problemas de orden social y político, ya figura entre las 31 primeras economías del orbe según el FMI – Fondo Monetario Internacional – con su rigurosa clasificación del PIB – Producto interno bruto – mundial, superando a naciones tradicionalmente superiores en este apartado, tales como Dinamarca, Singapur y Malasia).

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