¿Quién se acuerda de pacho?

Por: John Jairo Echeverri Salazar

"La pólvora me ha dado todo, pero me quitó a mi niño; a esta edad es difícil conseguir un empleo".

Estas eran la palabras con la que Pacho, pólvorero artesanal cejeño,  narraba al periódico EL TIEMPO, el 25 de noviembre de 2011, el drama de la muerte de su hijo de seis años.

“Primero vio morir a su hermana, de 15 años, por cuenta de una explosión en el taller de su padre, el mismo que un año después, en 1975, también falleció en circunstancias similares. 'Pacho' tenía 9 años.” Agrego el cronista. 

Recuerdo al mismo Pacho clamando, en un noticiero de televisión local, para que le ayudaran a conseguir un empleo digno con el cual pudiera subsistir con su familia; la respuesta del alcalde de entonces fue ofrecer recompensa para quienes delataran  a los polvoreros.

La problemática  de la pólvora y sus nefastas consecuencias solo es objeto de atención  en diciembre. Si el dinero que se ha invertido en “prevención” se hubiera utilizado en apoyar a esos polvoreros  artesanales, que como Pacho no saben más que hacer pólvora, para que aprendan un arte u oficio cuyo desempeño y resultado no encarne un grave riesgo para toda la comunidad, no se volverían a presentar 597 quemados en la temporada más bonita del año.

Antioquia, a pesar de ser la más educada es la que más quemados aporta al total nacional de esa fatal cifra, sin embargo después de la alborada  que da la bienvenida a diciembre, en que se queman toneladas de pólvora, salen por los medios de comunicación los funcionarios encargados del tema recordar que está totalmente prohibida.

A las autoridades nacionales no les interesa cortar el problema de raíz. Es el propio Estado quien vende los insumos para que niños y jóvenes pierdan su vida o queden amputados para siempre, las autoridades regionales les hacen el juego y sólo se acuerdan de prohibir y perseguir la pólvora en diciembre.

En palabras del Director del Instituto Nacional de Salud “Debemos seguir trabajando en las campañas de prevención en tres frentes: comunicación, información y educación, acompañadas de acciones policivas y las que viene adelantando el ICBF, cuando los menores de edad resultan afectados. Hay que persistir para cambiar esta conducta.”

Empero, ya  en el 2013 la madre de un joven de 21 años que perdió sus dos manos  y un ojo, en medio de su desasosiego pedía que se hiciera algo para que dramas como el suyo  no se volviera a repetir.

Hoy, cuando ha transcurrido un escaso mes desde que culminaron las festividades de navidad y año  nuevo, ¿Quién se acuerda de la señora madre del  joven lesionado? Nadie. Mucho menos van a recordar el drama de Pacho.


Las opiniones expresadas en esta columna de opinión son de exclusiva responsabilidad de su autor y no reflejan, necesariamente la posición editorial de Alternativa Regional punto com.

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